“Pedos de monja”; chocolate tradicional de Querétaro, versión mexicana de pan barcelonés creado por italiano

Por Redacción

Querétaro, Qro.- 4 septiembre de 2021.- Los pedos de monja son un ejemplo del sincretismo culinario que se extendió en México a raíz de la llegada de los españoles.

¡Los pedos de monja son deliciosos! Son más cercanos a una trufa de chocolate que a cualquier imaginación pestilente que pueda ligarse a su nombre.

Estos chocolates fueron creados y registrados en 2009 en la ciudad de Querétaro por El Palacio de Chocolate, una chocolatería artesanal cuya manufactura apuesta por la calidad que los ingredientes locales proporcionan.

Las leyendas ligadas a su origen

Los pedos de monja son hechos con chocolate queretano. Se trata de una versión mexicana de un pan barcelonés que creó un italiano.

Según se cuenta, hay algunas fuentes que refieren su origen a un postre catalán que creó un chef italiano, quien bautizó aquel bizcocho con el nombre de petto di monja; los catalanes pronunciaron petto como pedo y de ahí se les quedó el nombre.

En una tesis de Christian Javier Baculima Cellán, de origen ecuatoriano, habla de un postre llamado suspiros de monja, cuya descripción está mñás ligada al merengue. Estos dulces llevan claras de huevo y azúcar.

En Querétaro, lo que se dice es que el postre original pertenece a la cocina conventual. Eran panes que al hornearse crujían y por ello se les llamó pedos de monja. Para hacer honor a aquel simpático nombre, los dueños de El Palacio del Chocholate lanzaron y registraron el nombre en un postre que ya no tiene nada de crujiente, ruidoso y menos apestoso.

La receta

De acuerdo con La cocina en los conventos, aquí te dejamos la receta española de aquel pan que parecía crujir y sonar a pedos de monja.

Suspiros de monja

Ingredientes

250 g de harina

75 g de mantequilla

25 g de azúcar

4 huevos

1 vaso de leche

Ralladura de limón

Azúcar glas

Aceite

Sal

Preparación

Pon a hervir la leche junto con la mantequilla, el azúcar, la sal y la ralladura de limón. Cuando rompa el hervor, se retira el limón y se añade la harina

removiendo sin parar. Se deja cocer 20 minutos, sin dejar de revolver para evitar los grumos.

Se retira del fuego, se agregan los huevos, uno a uno, sin parar de batir y no echando el segundo hasta haber incorporado bien el primero. Una vez todo unido, se toman pequeñas porciones —del tamaño de una nuez— y se fríen en una sartén con abundante aceite caliente hasta que están doradas.

Ha de tenerse en cuenta que los suspiros crecen mucho en la sartén y ellos solos dan la vuelta en el aceite. Por último, y ya en su punto, se escurren bien y se pasan a una fuente para espolvorearlos con azúcar glas antes de servirlos.

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